FÓRMULA CONVENCIONAL QUE ENGANCHA

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Tercera entrega de Kung Fu Panda. Vuelve el divertido panda luchador Po a repartir mamporros y chascarrillos a diestro y siniestro. Esta vez lo tiene difícil, tiene la dura tarea de encontrarse a sí mismo para llegar a ser maestro Chi y así derrotar a Kai un villano corrompido por el poder.

Po se reencuentra con su padre, que creía muerto. Además de descubrir un pueblo secreto de pandas de los que creía ser el último con vida. En ese proceso de descubrimiento personal es donde radica la magia de la película, es una hermosa moraleja universal: Lo que nos hace grandes son las personas que nos quieren y se preocupan por nosotros. Son valores que todo el mundo reconoce. Lecciones de vida envueltas en una dulce capa de bromas, patadas, saltos y piruetas.

El cine de animación está de dulce, o por lo menos todo lo que Pixar y Dreamworks produce tiene una calidad técnica prácticamente garantizada. Ya en los primeros 5 minutos de película lo ponen de manifiesto con la “entrada dramática” de Po. La animación es original, compleja - pantalla cortada, complicadísimos encuadres y movimientos de cámara- y preciosista. Hay varios momentos, como algún que otro flashback, en los que cambian la técnica y el estilo, para que se adapte perfectamente a la historia. Como suele pasar con este tipo de películas, más allá de un tono cómico prácticamente constante, -en que incluso en las escenas más dramáticas suelen cortarse repentinamente con pequeños chistes o gags-, o un argumento más o menos original.

La película habla sobre temas universales como el miedo al fracaso, el autodescubrimiento personal, el valor de la familia y amigos, o como sacar partida de las cosas – incluso defectos- que nos hacen únicos.

Ésta no es una gran película. De hecho, su argumento es de lo más convencional. Es un tanto previsible y sobran algunos chistes sin gracia. Pero la forma de presentar esos maravillosos escenarios -mención especial a la tierra de los espíritus-, las increíbles animaciones y gesticulaciones, un humor visual que simplemente te engancha y momentos –dramáticos y cómicos- bien integrados  hacen que salgas de la sala con una sonrisa. Da lo que promete, que no es poco.

CHEMA MARTÍN.-

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