PREGONEROS DE LUJO

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Supergalactic es un grupo musical de principio de los años 90 formado por los hermanos Osorio, Juan (Andreu Buenafuente) y Richi ( Berto Romero), que se hicieron famosos por one hit wonder, Pool party Time. En su vestuario y peinado copian a Modern Talking. En la actualidad el grupo esta disuelto y los dos hermanos no se hablan desde hace tiempo. Mientras que Juan ha dejado la música y trabaja como cuidador de piscinas y Richi intenta vivir de la música pero sin éxito. Cuando el alcalde de su pueblo natal, Proverzo, (Jorge  Sanz) quiere que el grupo haga El Pregón (título del film), ambos no pueden resistirse.

El Terrat, la productora de Andreu Buenafuente -quien se reserva uno de los papeles protagonistas, su primer rol en cine- ha elegido a Dani de la Orden como director (Barcelona nit d'estiu y Barcelona nit d'hivern) y a los guionistas Diego San José y David Serrano, conocidos por guionizar Ocho apellidos vascos y Pagafantas...

Con estos elementos, la comicidad del citado Buenafuente y de su discípulo aventajado, Berto Romero, además de las canciones compuestas por los The Pinker Tones, la comedia no consegue todo lo que se podía esperar de ella y resulta alargada conforme avanza la historia. Lo mejor de la propuesta es el contraste entre la vida del campo y la de la ciudad. A pesar de la quimica cómica de Buenafuente y Romero, dos pregoneros de lujo, la película no deja de ser una simpática película s con los típicos y tópicos de siempre, sin más pretensiones que hacernos pasar un buen rato en el cine.

JR PALOMAR.-

CONTRAINTELIGENTE, NUNCA MEJOR DICHO

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Voy a empezar esta reseña con algo positivo y es que esta película no miente sobre lo que nos vamos a encontrar, dándonos dos indicios muy claros de los nos depara su visionado: El primero es el título, Agente Contrainteligente, traducción que aún no teniendo nada que ver con el original The Grimsby Brothers (adaptación a su vez en USA del original británico Grimsby), al menos define con exactitud la tónica de la película. El segundo, es la presencia como protagonista, productor y guionista del siempre muy gamberro Sacha Baron Cohen.

La idea se plantea inicialmente como algo interesante: Hacer colisionar dos universos tan opuestos como la Inglaterra sofisticada que nos ha presentado siempre James Bond con los ambientes ingleses más degradados, en los que sólo la cerveza y el fútbol tienen cabida. Incluso hay una muy bien realizada secuencia de acción en primera persona. Por desgracia, la historia es una mera excusa para un desfile de humor escatológico y estúpidez que no hace ningún esfuerzo por ser nada más que lo más extremo y desagradable posible con el objetivo, entiendo, de hacer gracia. Lo que se agradece, sin duda, los noventa minutos de duración para que además de un ¿entretenimiento? vacío, no resulte también interminable.

Delante de la cámara el ya mencionado Baron Cohen como el hooligan, paleto, vicioso, idiota, aunque de buen corazón Nobby Butcher. Le da la réplica un Mark Strong bastante soso en el papel de su hermano, el superagente del MI6 Sebastian Butcher. Con escasa química y casi ningún sentido conducen la trama compartiendo la pantalla con Rebel Wilson, cuya única virtud parece ser reirse de estar gorda -recordemos su papel de Fat Amy en Pitch Perfect- y una Penélope Cruz que no aporta absolutamente nada, salvo ese inglés con "acentaco" español que ninguno de nuestros actores parece ser capaz de quitarse, por más fama o premios que tengan.

Y detrás de la cámara tenemos a Louis Leterrier, director de películas cuya calidad va desde lo cuestionable de El Increíble Hulk hasta lo realmente grotesco como el remake de Furia de Titanes, aberrante como pocas. Con una trayectoria semejante uno puede entender que se abandone toda pretensión y se limite a cumplir colocando un plano detrás de otro, sin que el espectador se pierda o bosteze, con la excepción de la ya mencionada escena de acción inicial, aunque a fuerza de reutilizar el recurso hasta tres veces a lo largo del metraje pierde la gran parte de la gracia.

Película contraindicada para muchos, Agente Contrainteligente gustará a muchos otros, con la ventaja de nadie se sentirá defraudado del todo cuando la vea.

JAVIER DEL JUNCO.-

FÓRMULA CONVENCIONAL QUE ENGANCHA

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Tercera entrega de Kung Fu Panda. Vuelve el divertido panda luchador Po a repartir mamporros y chascarrillos a diestro y siniestro. Esta vez lo tiene difícil, tiene la dura tarea de encontrarse a sí mismo para llegar a ser maestro Chi y así derrotar a Kai un villano corrompido por el poder.

Po se reencuentra con su padre, que creía muerto. Además de descubrir un pueblo secreto de pandas de los que creía ser el último con vida. En ese proceso de descubrimiento personal es donde radica la magia de la película, es una hermosa moraleja universal: Lo que nos hace grandes son las personas que nos quieren y se preocupan por nosotros. Son valores que todo el mundo reconoce. Lecciones de vida envueltas en una dulce capa de bromas, patadas, saltos y piruetas.

El cine de animación está de dulce, o por lo menos todo lo que Pixar y Dreamworks produce tiene una calidad técnica prácticamente garantizada. Ya en los primeros 5 minutos de película lo ponen de manifiesto con la “entrada dramática” de Po. La animación es original, compleja - pantalla cortada, complicadísimos encuadres y movimientos de cámara- y preciosista. Hay varios momentos, como algún que otro flashback, en los que cambian la técnica y el estilo, para que se adapte perfectamente a la historia. Como suele pasar con este tipo de películas, más allá de un tono cómico prácticamente constante, -en que incluso en las escenas más dramáticas suelen cortarse repentinamente con pequeños chistes o gags-, o un argumento más o menos original.

La película habla sobre temas universales como el miedo al fracaso, el autodescubrimiento personal, el valor de la familia y amigos, o como sacar partida de las cosas – incluso defectos- que nos hacen únicos.

Ésta no es una gran película. De hecho, su argumento es de lo más convencional. Es un tanto previsible y sobran algunos chistes sin gracia. Pero la forma de presentar esos maravillosos escenarios -mención especial a la tierra de los espíritus-, las increíbles animaciones y gesticulaciones, un humor visual que simplemente te engancha y momentos –dramáticos y cómicos- bien integrados  hacen que salgas de la sala con una sonrisa. Da lo que promete, que no es poco.

CHEMA MARTÍN.-

CRECER ENTRE ZOMBIES

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No crezcas o morirás es una mezcla de géneros, a caballo entre el thriller, el horror y el subgénero de zombies mezclado con las hormonas alteradas de adolescentes se sitúa esta historia ambientada en una remota isla de Gran Bretaña. En un centro de menores sólo quedan recluídos un grupo de adolescentes, concretamente cuatro chicos y dos chicas. Al día siguiente se dan cuenta de que ya no esta su supervisor y deciden hacer una fiesta y seguirla en la población más cercana, pero se dan cuenta de que allí ocurre algo porque se encuentran con cadáveres y zombis que quieren matarlos.

La película se centra en dos personajes principales, Bastian (Fergus Riordan), un chico retraído que esta allí por un intento de suicidio y Pearl ( Madeleine Kelly) y cómo ambos intentan sobrellevar su situación personal en el centro de menores.

El director Thierry Poireaud, que ya está acostumbrado al género, nos relata utilizando ciertos clichés del género del terror la manera en que unos adolescentes con sus típicos problemas afrontan con desconcierto cómo sobrevivir a los zombies. Nos recuerda temáticamente a la saga Rec y a 28 horas después, de Danny Boyle, pero mucho ma´s irregular. El film, hecho con un presupuesto bajo, destaca por su montaje dinámico, pero falla en su reparto, pues algunos personajes secundarios tienen algo más interés que sus insulsos protagonistas.

JR PALOMAR.-

EL PLAN OCULTO DE CALPARSORO

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Es una mañana lluviosa, unos asaltantes enmascarados irrumpen en la sede central de un banco valenciano. Aparentemente es sólo dinero y joyas lo que buscan, aunque hay algo más de valor en una de las cajas fuertes, algo que puede afectar a gente poderosa.

Éste es el planteamiento inicial de la última cinta de Daniel Calparsoro que con esta Cien años de perdón se adentra en el subgénero de los films de atracos. Este subgénero se compone normalmente de unas premisas muy sencillas: Los ladrones, equipo negociador, los rehenes y el banco (como lugar del saqueo o fortín donde atrincherarse con los rehenes). Esta simpleza en su planteamiento, que gracias a un recurso de guión o macguffin (en este caso un disco duro con información suficiente para hundir a unos cuantos peces gordos), seguido de pequeños guiños a la situación política nacional -Valencia, discos duros, tramas para ocultar información… se puede escuchar hasta un “la jefa” en algún momento- consigue despertar nuestro interés.

Es en el momento en el que enseña sus cartas en el que nos dan herramientas para  empatizar con una historia y unos personajes que se muestran vulnerables y creíbles. En contraposición a otros: policía, CNI y políticos que representan una realidad distinta con actuaciones frías y deshumanizadas. Nos hace recapacitar sobre temas fundamentales, como la moral y el poder o de la delgada línea que separa el bien y el mal.


Por otro lado, el apartado técnico y la realización no son muy destacables. El montaje, la iluminación, la puesta en escena, música, incluso las actuaciones son simplemente correctas debido a que, en momentos donde la historia lo requiere, desaprovecha grandes oportunidades para transcender y dar profundidad a la cinta. Eso añadido a algunos momentos cómicos – en su mayoría protagonizados por Joaquín Furriel- que aunque divertidos, destruyen el tono de tensión que la cinta demanda.

En Cien años de perdón se echa en falta algo nuevo, algo rompedor o, al menos, momentos mejor resueltos por parte de su director que, más allá de su contexto social y político, lleven la película a algo más que un simple entretenimiento. En su conservadurismo radica el principal de sus defectos.

CHEMA MARTÍN.-

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